La vieja magia continúa intacta. Me escuché diciendo, inconscientemente:—The song remains the same.
El viejo y frágil juego de sutiles máscaras. El ancestral arte de la perfecta impostura. Después de todo, nena, esto no es amor, ni pasión, tan solo calentura.
El diablo en forma de lujuria y codicia, deja ver su cola escurriéndose tras bambalinas.
Comienza la obra. El mil veces representado guión, la protagonista principal y su partenaire de turno. La coreografía pone en marcha los mecanismos de los cuerpos. Aunque los diálogos (superfluos) suenen torpes y gastados de tan repetidos, los sabios cuerpos se mueven como movidos por un invisible y omnisciente titiritero.
Le dejo el gift sobre la mesita de luz. Mientras tanto, ella manipula los controles para que la luz se vuelva rojiza, tenue y pastel.
Abro la boca para decirle que la encuentro tan bella como en nuestro primer encuentro. No encuentro las palabras adecuadas. Ella aplica entonces su índice contra mi boca, sellando mis palabras con el signo universal del silencio.
No hablés. Don't speak. Toda la acción transcurre como en una escena de cine mudo. Don't speak, como el tema de
No Doubt. Y entonces Don't speak que a falta de otros sonidos comienza a resonar en mi cabeza. Ella se transforma en Gwen Stefani.
Y tomando con su índice y pulgar el micrófono, que extrañamente se parece a un pene, a mi pene, comienza una húmeda interpretación. Imita los tiernos e infantiles mohines de Gwen. Me mira con los ojos oscuros de Gwuen, entrecerrando los párpados como midiendo la magnitud de mi culpa.
