La Revista Ñ del sábado 24 de octubre, lanzó una edición especial dedicada a la Belleza Humana. En ese contexto, el cuerpo humano, objetivizado como un elemento más, resulta funcional a la estética y al diseño.
Diego Haboba quizá pinta a una trabajadora; es un desnudo de mujer joven, con rasgos faciales que creemos reconocer como inequívocamente locales, en una pose del manierismo prostibulario, o porno-soft, que no parece tributario de ningún canon de belleza renacentista, ni aun neoclásica, sino más bien al tipo de belleza multifuncional propia del escenario mediático o de la farándula, incitante según la coreografía típica de ese mercado.
Singularmente, Haboba titula a su cuadro La Cautiva, e invita a pensar por qué la referencia a esa otra Venus caída, manoseada, transfigurada, de la gauchesca, se le antoja como título para esta nueva Venus suburbana, hipotética variante de la Venus criolla de Centurión.
¿De qué ve cautiva Diego Haboba a su modelo? ¿Es la suya una preocupación meramente contenidista, o bien una manera de volver a recordarnos que toda belleza se hallará siempre inexorablemente cautiva en la cárcel de la forma y que será esencialmente irrepresentable?
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